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.: Don't Feed The Cat :.
Nyan nyan
BT 01 
13th-Aug-2010 07:00 pm
neko bt
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Capítulo 1.
 

 

He elegido estar aquí.

El ocaso de Balamb era un espectáculo de luz y sombras digno de admirar. Aquella tarde el sol pintaba las nubes de rosa y el cielo de naranja y salmón, más allá el azul de la cúpula celeste daba paso al añil del horizonte de levante y se podían apreciar las primeras estrellas de lo que prometía ser una cálida noche.

Sanzo formó un círculo con el humo del cigarrillo antes de dejar salir el resto con un suspiro.
Estaba sentado en uno de los bancos cercanos a la iglesia y veía morir el día pensando en la noticia de la tarde. El periódico descansaba a su lado, manoseado como estaba y leído hasta la saciedad.
Volvió a darle una calada al cigarro, aspirando profundamente y cruzando una pierna por encima de la otra a la vez.

Aquella era una zona tranquila, sin ningún vecino y con buenas vistas de la ciudad. La iglesia se encontraba en un pequeño montículo entre Balamb y el Jardín, rodeado de campo y un huerto trasero parcialmente abandonado.
La carretera asfaltada se encontraba algo más abajo, pero un camino de tierra que corría más o menos paralelo a la carretera quedaba justo en frente de la puerta, a unos escasos dos metros de los bancos exteriores. Los árboles invadían con ramas, hojas y raíces el camino, pero a la vez daban una sombra muy preciada en época de calor.

Sanzo apoyó la mano en la rodilla, y miró el cigarro, cambiándolo de orientación para que la ceniza no cayera sobre sus pantalones accidentalmente.
Un par de moscas revoloteaban cerca de su zapatilla desde hacía un rato, pero dos más se habían unido a su causa, sólo que un poco más arriba.
Parpadeó para que la que trataba de posarse en su mejilla volara lejos de él. La mosca no entendió la indirecta. Sanzo arrugó la ceja izquierda, molesto.

El ceño fruncido era algo habitual en él, pero ese día tenía motivo para mostrarse no sólo molesto, si no también preocupado.
Miró de reojo la edición extra de ‘La Gaceta de Balamb’ que había conseguido esa tarde, hacía apenas unas horas. Las guerras y los actos terroristas no eran algo que tomar a la ligera. Menos aún cuando no se sabía la autoría.

«¿Pero por qué Jardín y ciudad?» caviló el rubio, dándole una vuelta más al tornillo de sus pensamientos.

La poca información, la forma tan brutal de terminar con una base de mercenarios entrenados para cualquier tipo de situación y el hecho de que nadie proclamara el ataque como suyo le ponía los pelos de punta.
Fumó otra vez, dándole un par de toques al cigarrillo para dejar caer la ceniza.

«Si fueran terroristas ya habrían dicho que quieren.» y esas palabras en su mente sólo le hacían pensar en un arreglo de cuentas entre Jardines.

Las otras posibilidades eran aún más escalofriantes.

Negó con la cabeza y dio otro par de toquecitos al cigarro sin mirarlo. Sus ojos estaban observando fijamente las hojas mecidas por el viento, entrecerrando los párpados cada vez más, a punto de bufar para espantar las moscas impertinentes. Arrugó la nariz cuando un sonido nuevo entró en su campo auditivo.

Alguien se acercaba a toda velocidad desde el pueblo. Sanzo pensó que se trataba de algún tipo de vehículo a motor, pero por el ruido iba sobre la grava del camino en vez de por el asfalto unos metros más abajo.

Sanzo se removió en el banco y agarró el periódico, separando un par de hojas y doblándolas pulcramente. Aquel papel no tenía la consistencia suficiente para lo que planeaba, pero las moscas se estaban poniendo demasiado pesadas con él.

Miró por el rabillo del ojo hacia la ciudad y luego a la mosca justo al otro lado. Tuvo que usar otra hoja más para darle más consistencia al improvisado abanico, pero logró algo aceptable. Dio un par de palmadas sobre la mano con él y después la alzó, dispuesto a mandar de vuelta con el Señor a una de sus criaturas.

—Salúdale de mi parte… —susurró mientras sonreía casi sádicamente.

Una mosca desprevenida estaba limpiándose las alas encima de su pantalón.
Sanzo subió más la mano, ajustando la trayectoria para no fallar en su empresa.

Contuvo la respiración y soltó el aire al tiempo que daba rienda suelta a la fuerza de su brazo en dirección descendente.

La mosca salió zumbando junto con las otras tres cuando el borrón que había pasado justo delante de Sanzo proyectó contra él algunas de las piedrecillas del camino, dejándole con un golpe que probablemente terminaría en una marca roja en su muslo, polvo y grava por toda la ropa y malhumor general.

El abanico de papel se dobló entre sus puños temblorosos de furia.

En ese momento Sanzo se arrepintió de haber dejado la pistola en la capilla.

***

—¡Perdón, Padre! —gritó Neko mientras pedaleaba aún más deprisa.

Había oído el berrido de Sanzo en la lejanía y le sorprendía el hecho de que no lo acompañase el sonido de los disparos en esa ocasión.

«¿Me estaré quedando sorda?» dudó mientras torcía los labios en una mueca por demás graciosa a esa velocidad.

Aumentó el ritmo lo más que pudo. La bicicleta se tambaleaba de izquierda a derecha mientras su cuerpo quedaba casi suspendido en el aire.
Abrió los puños enguantados y los volvió a cerrar sobre el manillar. Sus dedos desnudos resbalaban por el sudor, por lo que se aseguró de agarrarse bien.
Las coletas rubias volaban a ambos lados de su cabeza, serpenteando en el aire.

Aún no era de noche, pero necesitaba arreglarse para la fiesta a la que debía acudir, la cual no había tenido en cuenta en su agenda durante todo el día. Y el nombramiento de un nuevo comandante en el Jardín era todo un acto social en si mismo.
Neko se mordió la lengua, asomándola por una de sus comisuras, y entrecerró los ojos aunque se había puesto las gafas de aviador que le había regalado uno de sus compañeros de clase.

Tenía que llegar rápido, no quería entrar tarde en el salón de actos.

«¡O me quedaré sin la comida buena!»

Un bache en el camino le hizo saltar en el aire, dejando de pedalear sólo por unos instantes antes de que las ruedas de la bici hicieran contacto con la tierra de nuevo.

***

Ikki se aflojó la corbata que Shun se había empeñado en apretar demasiado. Desde que había aprendido a hacer nudos de corbata la vida había empezado a parecerle un martirio, o al menos un poco más sofocante que antes.

«Mataré a esa… esa… a esa por enseñarle.» se juró el moreno a sí mismo, viendo en su mente la imagen de una chica de pelo largo y blanco que se daba la vuelta para mostrarle la señal de la victoria y la lengua entre sus labios.

—¿Pasa algo, hermano? —indagó Shun un tanto preocupado— ¿Se ha torcido el nudo, está demasiado flojo? No lo he hecho bien. ¿Verdad?

Los labios de Shun se apretaron y sus mejillas se colorearon de un rosa que en él sólo se podía calificar de angelical.
Ikki tragó saliva, intentando que no se notara su gesto de incomodidad. No le gustaba ver a Shun con esa cara tan decaída.
Puso su mano sobre el hombro del menor y apretó un poco, buscando los ojos verdes de Shun con su propia mirada.

—Escucha, cariño… —empezó Ikki, atrayendo su atención— No es eso, la corbata está perfecta.
—¿Entonces? —preguntó el pequeño aún algo confuso.
—Soy yo, estas cosas no me quedan.

Shun volvió a poner la corbata en su sitio correspondiente, metiéndola por dentro del chaleco gris perla de Ikki.

—Pero si estás muy guapo, hermano.

Ikki suspiró frustrado, esperando a que Shun terminara de manosear su ropa para contestar.

—No es mi estilo… ¿me entiendes?

Shun parpadeó y se alejó un poco para ver el efecto global. Sonrió y aplaudió un par de veces mientras se ponía de puntillas.

«No, no me entiendes.» gimió internamente Ikki, frustrado por la actitud del otro.

Shun se puso las manos sobre los labios y miró hacia un lado, con las mejillas sonrosadas. Algo había vuelto a su mente justo en ese momento.

—¡Se me olvidaba! —canturreó mientras señalaba al techo con el índice.

Ikki miró hacia arriba, esperando cualquier cosa. Puso las manos en la cadera y aflojó los músculos del cuello, moviéndolo de lado a lado. Se oyó un ‘clonk’ en toda la habitación e Ikki se frotó la nuca, satisfecho y algo más relajado.
Shun casi saltó sobre él sin previo aviso, abrazándolo con efusividad. Ikki palmeó su espalda. Y mientras estaba ocupado Shun lo roció con una colonia que el mayor no tenía ni idea de donde había salido. Ni quería tenerla.

—¡Ahora sí! —exclamó Shun— ¡Perfecto!
—¿Ya nos podemos ir a esa fiesta?
—¡Sí, claro!

Shun agarró la mano de Ikki, rodeándola con sus pequeños dedos y tironeó de él.
Salieron de la habitación compartida juntos y Shun esperó a que cerrara la puerta con llave, mirando de un lado a otro del pasillo. Salieron del área de dormitorios entre risas de Shun y asentimientos de Ikki y se encaminaron directamente hacia el Salón de Actos.
Shun paró sus pasos, dudando durante un momento.

—¿Pasa algo? —trató de averiguar Ikki.

Shun se rascó la barbilla, pensando que se suponía de tenía que estar haciendo en aquel instante que se le pasaba por alto. La bombilla de las ideas se iluminó en su cerebro.

—¡Ah, sí! —comenzó— Le prometí a papá que le esperaríamos en la puerta del laboratorio, ¡tenemos que ir!

A Ikki le empezó a temblar el ojo derecho.

—¿¡Esperaríamos!? —refunfuñó— ¿Y por qué no podemos esperar en la puerta del Salón como la gente normal?
—¿Eh?
—… déjalo, da igual. Es Otacon, no es normal.

Shun parpadeó y ladeó la cabeza, digiriendo las palabras de Ikki.
Se encogió de hombros y siguió contándole las anécdotas del día a su querido hermano.

***

La habitación era amplia y estaba adornada en tonos azules y blancos, algo recargada pero con buen gusto. La música clásica, suave y relajante, junto con el aroma a flores terminaban de dar el toque a la personalidad de aquel cuarto.
Las cortinas y el dosel de la cama podían hablar mucho sobre su ocupante, de piel tan blanquecina que parecía nieve.

Afrodita estaba en la silla de su escritorio, tenía los pies desnudos sobre la mesa y las uñas le brillaban húmedas de la laca azul.
Se recostó un poco más y subió el espejo, consiguiendo un mejor ángulo para ver el perfecto rizo de su flequillo caer sobre su hermosa frente.
Sonrió hacia su reflejo coquetamente y movió el espejo de mano un poco más, consiguiendo ver lo que él consideraba su lado más bueno —porque no tenía ninguno malo— reflejado. Dio un beso al aire, riendo entre dientes después.

La puerta de su habitación se abrió sigilosamente y un par de pies enfundados en negro entraron a formar parte del reflejo. Afrodita rodó los ojos y bajó el espejo de mala gana hasta hacerlo descansar sobre sus muslos.

—Lacitos, me estropeas la visión… —refunfuñó con sus finas cejas arrugando su frente— Muévete.

Afrodita volvió a subir el espejo, dispuesto a acomodar sus ondulaciones como bien se merecían. Ribbons Almark se había movido, pero sólo para mostrar su sonrisa inocente en el espejo de Afrodita, lo que le molestó más aún.

Afrodita apretó el mango y dejó salir el aire por su perfecta nariz. Dejó el espejo sobre el escritorio violentamente, pero sin imprimir la fuerza necesaria para romperlo.
Bajó los pies sólo para apoyarlos en la mullida alfombra frente a él y se dio la vuelta.

—¿Y bien? —inquirió cruzándose de brazos.

Ribbons sonrió un poquito más.

—¿No soy yo quién debería preguntar eso?

Afrodita contestó alzando sus cejas perfectamente coordinadas. Apretó sus labios y ladeó el rostro.

—No veo el porqué de tu pregunta. —su tono sonó airado y sus ojos esquivaron los de su compañero.

Ribbons se desplazó hacia su derecha sin apenas hacer ruido, posicionándose a espaldas de Afrodita, que miró hacia delante, consciente de que siempre podía levantarse y usar su altura para intimidar al otro.
De alguna manera no le pareció apropiado y la experiencia le decía que Ribbons era capaz de mirar hacia arriba e intimidar a su rival.

Ribbons bufó, rodando los ojos.

—Claro que lo sabes.

Afrodita tragó saliva, armando un gesto de incomodidad en su cara.
Ribbons empezó a jugar con el pelo largo, suelto y sedoso de Afrodita, peinándolo con sus dedos.

—¿Ah, sí? —soltó Afrodita— Pues me debo de haber olvidado…

Un tirón en su pelo le puso alerta.

—Ah, perdón… —susurró Ribbons, inclinándose para hablar sobre su oído— Tienes nudos en el pelo… ¿no has tenido tiempo más que suficiente para desenredarlo?

Afrodita se llevó la mano al pelo, levantándose de un salto de su cómoda silla y reculando con una mirada ofendida en sus ojos.

—¿Y a ti que más te da?

Ribbons rodeó la silla, sentándose en ella y cruzando una pierna por encima de otra. Sus manos se posicionaron sobre la rodilla y su sonrisa seguía bailando en su cara, vestida de falsa inocencia.

—El mundo ha empezado a moverse, Afrodita —Ribbons se acomodó algo mejor—. Tú deberías de empezar a moverte con él. Tú tienes que empezar a moverlo.

Afrodita atusó su pelo, escondiendo un poco de su pálida mejilla con él. Miró a Ribbons de reojo, aún callado.
Tenía en cuenta que él no era bueno con las palabras y su compañero sí, así que pensó unos momentos antes de contestar. Mientras tanto Ribbons esperaba pacientemente por su respuesta.

—¿Y si tiro de la cuerda equivocada? —preguntó— Sé que tenemos que hacer y no me importa hacerlo… he elegido estar aquí.

Afrodita apartó su pelo y dejó que cayera grácilmente sobre su espalda. Se irguió en toda su altura, dejando ver todo la fuerza que llevaba dentro.
Afrodita no era débil. Y lo sabía.

—Excusas —dijo Ribbons, acompañándolo con un gesto de su mano que desacreditaba todo lo que Afrodita acababa de decir—. El miedo no es algo tras lo que defenderse.
—¿Perdona? —preguntó indignado— ¿¡Quién tiene miedo!?
—Ya que tienes tanto tiempo libre he pensado en un lugar para que continúes tus vacaciones —continuó sin hacer caso de lo que Afrodita tuviera que decir al respecto—. Es… ¿cómo decirlo? El paraíso. O algo así.

A Afrodita no le gustó para nada como sonaba aquello. Y menos aún cuando Ribbons se rió entre dientes y se reclinó contra el respaldo de su silla.

—¿Es algún tipo de broma? —investigó, inclinándose hacia el de pelo verde— ¿Una broma retorcida de las tuyas? Lacitos, háblame claro.

Ribbons alejó la sonrisa de su rostro al escuchar aquel apelativo y volvió a invocarla para contestar a la pregunta.

—Aetheria.

Afrodita pestañeó.
Afrodita frunció las cejas.

Afrodita se rió a mandíbula batiente.

—¡Venga ya! —dijo incrédulo, moviendo las manos de un lado a otro— ¡Aetheria, pero si allí…!¡Lo dices en serio!

El rubio se llevó la mano a la boca, tapando sus labios y previniendo a sus dientes de morderlos.

—¿No te parece su Orden de Caballeros un lugar adecuado para que sigas haciendo nada? —la sonrisa de Ribbons se agrandó aún más.

Afrodita cerró el puño, dando un golpe en la mesa.

—¡Eso no entra ni en categoría de broma! —exclamó iracundo— ¡Eso es…!
—¿No te gustan los católicos? —preguntó suavemente— ¡Ah! No lo sabía…

Ribbons se levantó rápidamente y puso una mano sobre el pecho de Afrodita, siguiendo el dibujo de la camisa con un dedo y terminando en la barbilla con un toque suave. Agarró esa misma barbilla entre sus finos dedos.

—Sólo tienes que vigilar, asegurarte de que las cosas van como deben —añadió—. Contar chismes es algo que se te da bien.

Ribbons se alejó de él, tan silencioso como había entrado, encaminándose hacia la puerta.
Afrodita lo siguió con la mirada durante todo el trayecto.

—Felices vacaciones. —fue lo único que dijo antes de salir de la habitación.

Hasta ese momento Afrodita no se había dado cuenta de que estaba respirando tan fuerte que le dolía el pecho.

Comments 
28th-Aug-2010 11:23 pm (UTC)
El principio con Sanzo es genial, lo veo un personaje apropiado para abrir el fic y más en su situación. De hecho me acordé el otro día de esta escena, que estaba en un bar esperando y habían moscas... yo también querría haberme traido una pistola. Aunque a mí no me pasó una Neko por delante (?). El detalle de que no oía los disparos es genial XDDD además de las gafas de aviador! <3

Y Shun e Ikki, mira que son monos. Lo de la corbata, jojo, Kora y sus planes maestros... Astuto que es Shun rociándole con la colonia, me parece tan adorable <3 Pero jo, Otacon no es como si fuera el único no-normal... de hecho lo normal en Balamb es no ser normal @_@

Ayyy Afrodita, Afrodita, pobrecito... mira que enviarlo a los católicos u_u Por cierto, me gusta el detalle de que aun diez centimetros por debajo Ribbons aún puede mirar por encima del hombro, je. Pero nada, ya se vengará Afrodita 8'D

Y en Balamb... si es que lo dicho, lo normal es no ser normal. A mí que cullons m'importa la mecánica cuàntica... (i see what you did there? 8'D). Maldita mesa (casi puedo ver la cara de RAGE de las chicas XDD). Lo de que a Sol le molesta el humo de los demás es genial, ayy. Franziska y Milo (L) OTP-no-tan-OTP <'3

Ea, ya vuelvo de la playa *coolface*

Edited at 2010-08-28 11:23 pm (UTC)
4th-Sep-2010 07:01 pm (UTC)
Toda la descripción del lugar en el principio fue demasiado bonita, me hace pensar en un ambiente realmente bello. Lástima que a Sanzo lo hayan fastidiado las moscas, me dio mucha risa lo de mandarle saludos al señor xD Afrodita siempre tan bello y vanidoso, ahora entiendo mejor un fic de Kora donde salían Afrodita y Ribbons pero en la parte ya donde Afrodita tiene todo empacado para partir.
Shun se me hace un personaje tan adorable, me gusta la relación que tiene con Ikki, awww que recuerdos leer fics de ellos (u) Prince fue muy ingenioso en sacarlo de allí aprovechando que las chicas estaban distraídas, que locura lo de la mesa incendiada y los comentarios de Milo al final sobre que Sol fuma en el sector de no fumadores porque le molesta el humo de los demás ahahah.

Espero que subas más de tus fics, me ha encantado este primero y aquí por el LJ es más sencillo todo y me puedo poner más al corriente con las historias.

Estrella naranja porque por otro foro (?) leí que te gustaba ese color.
5th-Sep-2010 01:47 am (UTC)
Los dos primeros párrafos bien podrían ser la escena inicial de una película. Me encanta como te han quedado, no solamente bonitos (que lo son) sino que has conseguido darles esa sensación de... fluidez? que hace la imagen tan fácil de visualizar.

Las moscas ya son personajes meritorios por si mismas, verdad? Pobres animalicos del Señor... Sanzo siendo una histérica Sanzo abanico en ristre, además de terriblemente aterrador es tronchante XD.
Y, uh, el trasfondo agitado de guerras y destrucción dejan un regustillo inquietante. moar plz.

Las coletas de Neko al aire, y el pelo p'atrás (ju) Podría pasar por hermana pequeña (sobre todo pequeña -juju-) de Gaudy eh.
Adoro tus interacciones Ikki/Shun desde... bueno, desde siempre. Y Afrodia es dios. Y Raiko vio que era (y estaba) bueno. Pero Ribbons me crispa el alma, y doy por hecho que así tiene que ser, porque no lo conocía como personaje antes de leerlo en tu fic o.o

Prince es de letras, yo le entiendo ù__ú (?) Las chavalas de la cafetería me han dado miedo, ¿la locura así de peligrosa es contagiosa o es algo innato del aire que respiran en Balamb? Pobre Raiko, no sabe dónde se ha ido a meter XD
Y cosa a lo mejor no tan curiosa, Sol no sería el primer fumador que conozco al que le molesta el humo de los demás. Pero es que además los tiene cuadraos, qué tío >_>;;


Dejando mi mancha verde por estos naranjales XD


PD/ K'wenriau neska, si empiezo y cojo carrerilla no acabo nunca o-o;;
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